Me resulta bastante difícil empezar a escribir este artículo porque no sé muy bien cómo explicar el título sin herir susceptibilidades. Así que voy a hacerlo de manera directa, y quien se dé por aludido que se coloque en el lado de la balanza con el que se sienta identificado. Voy a hablar de las FRANQUICIAS.

Espero que aún quieras leer este artículo. Espero, de hecho, que ahora tus ganas de leerlo sean mayores incluso que antes de saber el tema que acabo de avanzar. Porque sobre las franquicias se podría escribir un libro. O mil libros, si nos ponemos a ello. Para empezar, pasa como en el famoso anuncio de una marca de colchones: es pronunciar la palabra, y eso provoca una profunda y placentera sensación de “voy a hacerme rico” que es bastante curiosa. Curiosa y preocupante, porque da igual en el lado que estés (franquicia o franquiciado), que todo es maravilloso. Y por eso creo que es importante aclarar algunas cosas.

Como consultora de marca e interiorismo, tenemos clientes que son franquicias. También tenemos clientes que son franquiciados. Y eso nos da un punto de vista bastante peculiar sobre el tema, porque no estamos ni en un lado ni en el otro, sino más bien observando desde fuera, pero de cerca.

Y digo yo… ¿no se nos está olvidando algo? De hecho, estamos pasando por alto todo lo importante.

¿Sabemos cómo funcionan los negocios? Marca, equipo, automatización, marketing, liquidez, gestión financiera… Sólo por nombrar algunas de las cosas que deberíamos dominar. No sólo para crear una franquicia, sino para crear cualquier empresa.

¿Sabemos cómo funciona una franquicia? En caso de que la respuesta a la primera pregunta sea afirmativa, debemos además controlar, o al menos conocer, el sistema de franquicias para no caer en errores que podrían llevarnos a la quiebra del negocio o al abandono de éste.

¿Qué valor REAL estamos aportando al franquiciado?  Sin duda la pregunta más importante, aquí es donde está la clave. Aquí está la frontera que separa a los que venden VALOR de los que venden HUMO, que lamentablemente hay muchos.

 Hay un elemento que engloba los tres tipos de identidades y las eleva al nivel experiencial como ningún otro elemento de la marca puede hacer. Este elemento es el espacio de ventas.

 Hay un elemento que engloba los tres tipos de identidades y las eleva al nivel experiencial como ningún otro elemento de la marca puede hacer. Este elemento es el espacio de ventas.

En mi experiencia personal como director de Reformarketing, he tratado con franquicias a las que puedo afirmar con rotundidad que no les interesaba en absoluto el valor que pudieran estar aportando a sus franquiciados. Lo único que les importaba era que éstos les pagaran las “tasas” correspondientes mes a mes, y así poder ganar dinero. Nada más. Evidentemente, ninguna de éstas ha sido cliente nuestra. Es evidente por qué.

Pero lo más triste es que esto sucede porque hay personas que compran esas franquicias. Y lo hacen sin comprobar si los indicadores de negocio son realmente buenos, si ese tipo de negocio funcionaría en el lugar donde quieren implantarlo, o si la empresa que les está vendiendo los derechos de franquicia tiene unas buenas credenciales. Basta con que les digan “hemos abierto 10 en el último año”, o “el gasto es muy bajo comparado con tal otra franquicia de la competencia”, o cualquier otro argumento que sirva para que no valoren el resto de cosas, y tomen la decisión cuanto antes.

Pero la burbuja de las franquicias no se queda ahí. Como cuando abrimos los Donetes (tirando de nuevo de clásicos publicitarios), salen amigos por todas partes. Ferias de franquicias, distribuidores, diseñadores, empresas que nos “ayudan” a franquiciar nuestro negocio… Me llaman la atención especialmente estas últimas.

Porque, todo hay que decirlo, estamos en un momento en que parece que la solución a todo es montar un negocio. Y si además me lo dan hecho, como una franquicia, mejor. Y no es así.

Porque, todo hay que decirlo, estamos en un momento en que parece que la solución a todo es montar un negocio. Y si además me lo dan hecho, como una franquicia, mejor. Y no es así.

Hace pocas semanas recibimos un documento de un cliente, que quiere franquiciar su negocio, al cual le propusimos desarrollar un “Manual del Franquiciado” que le ayudara a mostrar cuál es el valor real de su franquicia. El documento que recibimos provenía de una empresa (no diré el nombre) que habían contratado precisamente para que les asesorara en el proceso de transformación de negocio particular a franquicia, en su expansión. Esta empresa, con la cual ya no trabajan, había creado un documento que, sinceramente, podría haber hecho cualquier persona que tenga un poco de maña con el programa Power Point. Sin más. Estaba totalmente vació de contenido. Sin el logotipo del negocio, prácticamente ni se sabría qué tipo de empresa es o a qué se dedica.

Por supuesto, esto me lleva a pensar (y seguramente esté en lo cierto) que lo único que le importa a esta supuesta “consultora” es ganar dinero a costa de la burbuja que se ha creado en torno a las franquicias. De nuevo, no importa el valor que den a sus clientes, porque cuando éstos se den cuenta de que es nulo, ya habrá otros tantos esperando que picarán el anzuelo.

Quiero dejar muy claro también que dentro del sector hay empresas de todo tipo que son muy competentes. Empresas expertas, honestas y entregadas a un objetivo que siempre pasa por aportar un gran valor a sus clientes. Ya sean las propias franquicias, consultoras o cualquier otro tipo de empresas, es justo destacar también que las hay muy buenas. Y ésas son las que merecen la pena y por la que debemos apostar. Porque no deberían pagar justos por pecadores.

Nada llega de repente por arte de magia. Para conseguir cualquier objetivo, el proceso más habitual y lógico, es el que pasa por el esfuerzo, la constancia, el conocimiento, y la confianza. Por generar y obtener VALOR. Todo lo demás, es improbable.